sábado, 4 de febrero de 2012

LOS ANFIBIOS

Los anfibios (Amphibia, del griego αμφι, amphi ('ambos') y βιο, bio ('vida'), que significa «ambas vidas» o «en ambos medios») son los vertebrados terrestres más antiguos: los primeros ejemplares primitivos aparecieron más de 350 millones de años. Los anfibios son animales heterotermos, es decir, la temperatura de su cuerpo se adapta a la del entorno. De piel húmeda, pueden vivir tanto en el agua como en la tierra. La mayor parte pasa la fase larvaria en el agua, donde respiran por medio de branquias. Tras la metamorfosis y la formación de pulmones, los anfibios están en disposición de salir a la tierra y permanecer en ella largos periodos de tiempo. Se extienden por todo el mundo, salvo en la Antártida, aunque su hábitat es limitado ya que su vida depende de la existencia de agua dulce.

UNA VIDA EN EL AGUA Y EN LA TIERRA
Los anfibios descienden de una rama primitiva de los celacantos y fueron los primeros vertebrados que poblaron la tierra.
La mayoría necesita dos biotipos para vivir: agua y tierra firme. Incluso las especies que pasan todo el año en tierra, como, por ejemplo, los sapos, regresan al agua para desovar. El desarrollo de los renacuajos tiene lugar en este elemento sin excepción, pero mientras que las ranas y las salamandras pueden salir a la tierra cuando concluye esa etapa, casi todos los tritones permanecen en ella durante su vida adulta.

TRES ÓRDENES
Los anfibios suelen dividirse en tres órdenes fácilmente reconocibles por los rasgos externos de los animales, tales como la forma del cuerpo y las extremidades.
  • Cecilias: Las cecilias o ápodos son el orden más pequeño de los anfibios. Hasta la fecha se conocen unas 160 especies, aunque los investigadores creen que todavía quedan muchas por descubrir. Debido a su modo de vida recóndito, se desconoce si se encuentra en peligro. Algunas especies han sido descritas por la ciencia a partir de un único ejemplar, por el hecho de que no se les vea a menudo no implica necesariamente que sean raras.
  • Salamandras y tritones: El orden de los urodelos, las salamandras y los tritones, abarca unas 500 especies. Todos tienen un cuerpo alargado y cola, muchos de ellos poseen cuatro patas y están adaptados a la vida terrestre. La mayoría de las especies pasa gran parte del tiempo en tierra firme y únicamente va al agua para desovar. Las especies más pequeñas son más delgadas que un lápiz y apenas miden unos pocos centímetros, pero las más grandes pueden alcanzar dimensiones imponentes, como la salamandra gigante china (Andrias davidianus), que puede medir 1,5 metros de largo y pesar 20 kilos.
  • Ranas y sapos: El orden de anfibios más rico en especies es el de los anuros, con unas 5 500. Las ranas y los sapos pierden la cola durante el proceso de metamorfosis que los convierte en animales terrestres, y se desplazan saltando. Además existen en una gran diversidad de tamaños: por ejemplo, una rana cubana, la ranita de Monte Iberia (Eleutherodactylus iberia) es diminuta y ligera, mientras que la rana Goliat  (Conraua goliath), procedente de Camerún, tiene una longitud de 35 centimetros y un peso de 3 kilos. 

NUMEROSAS ESPECIES EN LOS TRÓPICOS
La mayor parte de las ranas y los sapos vive en latitudes tropicales y subtropicales, donde las temperaturas son altas y estables y hay una gran oferta de alimento disponible. A algunas especies se les puede encontrar excepcionalmente incluso en zonas desérticas, como, por ejemplo, la rana Australiana Cyclorana novaehollandiae, que puede superar una sequía, enterrada, hasta siete años.

Cyclorana novaehollandiae
En hábitats con altas temperaturas y ambientes húmedos en consonancia, como la cuenca del Amazonas o las montañas de América central, el número de especies es extraordinariamente elevado. En estas condiciones suelen desarrollarse innumerables poblaciones pequeñas. Éstas pueden resultar muy interesantes a los estudiosos de la evolución de las especies, pero están en un grave peligro debido al limitado espacio que ocupan. La más mínima transformación del hábitat  provoca una fuerte disminución o la total desaparición de las poblaciones, como ha ocurrido en Centroamérica, donde varias docenas de ranas de flecha y ranas arbóreas se extinguieron  antes de que los científicos pudieran describirlas.


DIFERENTES METODOS DE REPRODUCCION
El único requisito para la reproducción de los anfibios es la presencia de agua: todos depositan sus huevos en aguas estancadas o bien en terrenos pantanosos y praderas inundadas. Aparte de esto, las especies tienen muy pocas características en común. Algunos anuros llegan a poner hasta 10.000 huevos, mientras que otros solo cinco o seis. Los renacuajos, las larvas de las ranas y sapos, son acechados por numerosos depredadores. Por ello solo dos o tres de cada cien llegan a la etapa adulta. 
Los huevos de los anuros, donde se desarrollan los renacuajos, están rodeados de una sustancia gelatinosa que se hincha en el agua y que los protege de la desecación.
Tras la fecundación y la eclosión del huevo, las larvas de las ranas flecha son llevadas –a menudo, de una en una- a las nervaduras húmedas de las hojas y alimentadas durante algunas semanas. Los renacuajos se encaraman encima del padre, que segrega una sustancia de la que se nutren, y la hembra también les proporciona alimento.
Un cuidado de las crías verdaderamente digno de mención es el de la rana Australiana Rheobatrachus silus. La hembra se engullía los huevos y los empollaba unas ocho semanas en el interior de su estómago, tiempo durante el cual ni ingería alimento alguno ni producía jugos gástricos. Una vez que las crías superaban la fase larvaria, la madre las escupía sin vacilar en el estanque más próximo y las abandonaba.


LA PIEL DE LOS ANFIBIOS
Los anfibios tienen recubierto su cuerpo por una piel permeable extremadamente sensible que siempre debe estar humedecida. Esto lo consiguen a través de sus líquidos corporales, mediante la alimentación y, en última instancia, gracias al agua de su hábitat. Además, pueden minimizar o evitar una perdida excesiva de humedad manteniéndose en un entorno a la sombra. Otro factor que también influye en la permeabilidad de la piel de estos animales es la actividad que llevan a cabo: por ejemplo, al hibernar, algunas especies consiguen evitar la ingestión de agua.


UN VENENO MORTAL EN LA PIEL
Muchos anfibios poseen en su piel glándulas venenosas. El hecho de secretar sustancias tóxicas les es muy útil, pues gracias a ellas cualquier depredador evitará en lo posible entrar en contacto con ellos.
Especialmente famosas por su veneno son las ranas de flecha de las selvas tropicales de Sudamérica y América central, que producen una de las sustancias tóxicas más fuertes del reino animal, capaz de matar a una docena de personas.


ANFIBIOS EN PELIGRO
Según la UICN, cerca del 30 % de las especies de anfibios está amenazado. Las causas de esta situación son, por un lado, las transformaciones del ambiente y, por otro, el envenenamiento de los ecosistemas con pesticidas y otros productos tóxicos similares. El problema se agrava por la dualidad de entornos, que los deja expuestos a los peligros procedentes de los medios terrestre y acuático, y por la permeabilidad de su piel.

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